Anandamida y THC: la relación descrita por la neurociencia

Sinapsis con moléculas de anandamida y receptores CB1, banner del artículo de Justbob sobre anandamida y THC

Anandamida y THC: cómo la neurociencia describe la relación entre dos moléculas muy distintas

La anandamida es un endocannabinoide producido de forma natural por el cuerpo humano, aislado por primera vez en 1992 por el equipo de William Devane, Lumir Hanus y Raphael Mechoulam. El nombre procede del sánscrito ananda que significa “dicha” o “felicidad interior”, una elección terminológica que refleja el asombro inicial de los investigadores ante una sustancia endógena capaz de activar los mismos receptores que el tetrahidrocannabinol. El hallazgo, publicado en la revista Science, abrió un nuevo capítulo de la neurofarmacología y consolidó el sistema endocannabinoide como un área de estudio propia dentro de la fisiología molecular.

El presente artículo examina la relación entre la anandamida y el THC desde una perspectiva estrictamente científica, basada en la literatura peer-reviewed y en las revisiones institucionales de la OMS y el NIH. Nuestra tienda en línea Justbob ofrece derivados de cáñamo industrial con altos porcentajes de CBD y THC inferior al 0,2%, destinados a fines técnicos, científicos y ornamentales; las referencias científicas recogidas en el texto se refieren a la química general de la Cannabis sativa L. y a la investigación básica sobre el sistema endocannabinoide, no a los productos del catálogo.

Conviene precisar desde el principio que los hallazgos científicos descritos a continuación proceden de estudios preclínicos, revisiones farmacológicas y ensayos observacionales. La mayoría de estas investigaciones se desarrollaron en modelos celulares o animales, y los ensayos clínicos en seres humanos son todavía limitados. La producción de anandamida y su interacción con los receptores cannabinoides constituyen hoy uno de los campos más activos de la neurociencia contemporánea, con unas catorce mil publicaciones indexadas en PubMed bajo el término “anandamide” a fecha de 2026.

Qué es la anandamida: el primer endocannabinoide descrito en el cuerpo humano

La anandamida, cuyo nombre químico completo es N-araquidonoiletanolamida (AEA), es un lípido bioactivo sintetizado bajo demanda a partir de fosfolípidos de la membrana celular. A diferencia de los neurotransmisores clásicos, no se almacena en vesículas: se genera en el momento en que la célula lo requiere y se degrada con rapidez por acción de la enzima amida hidrolasa de ácidos grasos (FAAH). Esta forma natural de producción just-in-time convierte a la anandamida en una molécula de señalización breve y localizada, idónea para modular respuestas fisiológicas puntuales.

El descubrimiento se produjo en el laboratorio de Raphael Mechoulam en la Universidad Hebrea de Jerusalén, con William Devane como primer firmante del trabajo publicado en Devane, Hanus, Breuer, Pertwee, Stevenson, Griffin, Gibson, Mandelbaum, Etinger y Mechoulam (1992), Science, DOI 10.1126/science.1470919. El equipo había buscado durante años un ligando endógeno para los receptores CB1, aceptando la hipótesis de que, si el cerebro respondía al THC, tenía que existir una molécula propia capaz de unirse al mismo sitio. La anandamida fue descubierta en 1992 precisamente porque una sospecha lógica, nacida de la observación farmacológica, se transformó en programa de investigación sistemática.

Un dato curioso, recogido por Di Marzo, Bisogno y De Petrocellis en una revisión posterior: la anandamida no es exclusiva del sistema nervioso. Está presente en la sangre, en el tejido adiposo, en el útero durante la gestación y también en algunos alimentos, como el cacao puro, aunque en concentraciones demasiado bajas para tener efectos fisiológicos relevantes al consumirlo. Esta presencia ubicua sugiere que la molécula interviene en procesos mucho más variados de lo que inicialmente se creyó.

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El sistema endocannabinoide: contexto biológico en el que actúa la anandamida

El sistema endocannabinoide (SEC) es una red de señalización celular presente en todos los mamíferos, cuya caracterización detallada ocupó buena parte de los años noventa y la primera década del siglo XXI. Está compuesto por tres elementos estructurales bien definidos, cuya interacción coordinada da lugar a la modulación de numerosas funciones fisiológicas.

  • Endocannabinoides: las dos moléculas principales descritas en la literatura son la anandamida (AEA) y el 2-araquidonoilglicerol (2-AG), ambas derivadas del ácido araquidónico.
  • Receptores cannabinoides: los receptores CB1, muy abundantes en el sistema nervioso central, y los receptores CB2, predominantes en el sistema inmunitario y en los tejidos periféricos.
  • Enzimas metabólicas: la FAAH, responsable de la degradación de la anandamida, y la MAGL, responsable de la degradación del 2-AG.

En el cuerpo humano, el SEC interviene en la regulación del apetito, la temperatura corporal, la percepción del dolor, el ciclo sueño-vigilia, la respuesta al estrés y la consolidación de la memoria, entre otras funciones descritas en la literatura. La revisión de referencia en este campo, firmada por Vincenzo Di Marzo y Fabiana Piscitelli (2014), Pharmacological Reviews, PMID 24633552, describe el SEC como un sistema de señalización de gran amplitud, activo en prácticamente todos los tejidos y con un papel integrador en la homeostasis.

Los receptores CB1 y CB2 están acoplados a proteínas G y modulan cascadas intracelulares que regulan la liberación de neurotransmisores en la membrana presináptica. En el sistema nervioso central, los receptores CB1 se concentran en la corteza prefrontal, el hipocampo, el cerebelo, los ganglios basales y las áreas límbicas, una distribución que explica la implicación de la señalización endocannabinoide en procesos cognitivos y emocionales. Los receptores cannabinoides CB1 y CB2 constituyen, por tanto, dos dianas farmacológicas con perfiles funcionales bien diferenciados.

Diferencia entre anandamida y THC: dos moléculas que comparten receptor pero no trayectoria

La anandamida y el THC presentan una coincidencia funcional notable: ambas se unen al receptor CB1 y activan, en distinta medida, la señalización endocannabinoide. Esta coincidencia explica por qué el THC, un fitocannabinoide producido por la Cannabis sativa L., provoca en el sistema nervioso respuestas análogas a las que generan los endocannabinoides propios, como describió Raphael Mechoulam en un trabajo de 1998 publicado en Chemistry and Physics of Lipids. Sin embargo, la semejanza mecanística esconde diferencias farmacocinéticas decisivas.

Aspecto Anandamida (AEA) Tetrahidrocannabinol (THC)
Origen Endógeno: sintetizado por el cuerpo humano Exógeno: fitocannabinoide de la Cannabis sativa L.
Producción On demand, a partir de fosfolípidos de membrana Biosíntesis vegetal a partir del CBGA
Vida media Minutos (degradación por FAAH) Horas en sangre, días en tejidos y lípidos
Afinidad por CB1 Agonista parcial, moderada Agonista parcial, mayor duración e intensidad de señal
Afinidad por CB2 Baja a moderada Parcial, con activación descrita en modelos preclínicos
Efectos sobre el sistema nervioso central Modulación breve, sin euforia en niveles fisiológicos Activación prolongada, efectos psicoactivos en concentraciones elevadas
Metabolismo Hidrolisis por FAAH a ácido araquidónico y etanolamina Hidroxilación hepática a 11-OH-THC y THC-COOH

La vida media es el factor que marca la mayor diferencia entre ambas moléculas. La anandamida actúa durante unos pocos minutos antes de ser degradada por la FAAH, por lo que su acción es local, breve y estrechamente regulada. El THC, en cambio, se metaboliza por la vía del citocromo P450 hepático y deja metabolitos liposolubles que permanecen en los tejidos durante días o semanas, motivo por el cual los test de detección en orina pueden registrar su presencia con mucha posterioridad al consumo. La farmacocinética, y no solo la afinidad por el receptor, es la que determina la distinta duración de los efectos entre un endocannabinoide y un fitocannabinoide.

Cabe destacar que en concentraciones fisiológicas la anandamida no genera efectos psicoactivos relevantes, mientras que el THC sí los produce. La explicación se encuentra, según un estudio publicado en Pharmacological Reviews (2016), en el patrón de activación CB1 por parte del THC, más sostenido, más amplio espacialmente y menos sometido al control enzimático inmediato que caracteriza a la señalización endógena.

Mesa de laboratorio con tubos de ensayo y hoja de Cannabis sativa usada en estudios sobre anandamida y el sistema endocannabinoide

Cómo se producen y se degradan los niveles de anandamida

La producción de anandamida sigue una ruta bioquímica bien descrita en la literatura de neurofarmacología. Una fosfolipasa específica, la N-acil-fosfatidil-etanolamina-fosfolipasa D (NAPE-PLD), libera la molécula a partir de fosfolípidos de la membrana celular en respuesta a un estímulo concreto. Una vez liberada en el espacio sináptico, la anandamida se une a los receptores CB1 de la neurona presináptica y modula la liberación de neurotransmisores como el glutamato y el GABA en un tipo de señalización retrógrada descrito por Wilson y Nicoll en 2002.

Los niveles de anandamida en sangre y tejidos varían en función de distintos factores. El ejercicio aeróbico prolongado, por ejemplo, se ha asociado en estudios observacionales con un incremento de la anandamida plasmática, un hallazgo descrito por Raichlen, Foster y colaboradores en 2013 en Journal of Experimental Biology, que algunos autores sugieren podría contribuir al fenómeno conocido como runner’s high. Otros factores descritos como moduladores de los niveles de anandamida son el ritmo circadiano, la dieta rica en ácidos grasos omega y, en modelos preclínicos, la exposición a situaciones de estrés moderado.

La degradación ocurre principalmente por hidrólisis enzimática. La FAAH, una serina hidrolasa presente sobre todo en las neuronas postsinápticas, escinde la anandamida en ácido araquidónico y etanolamina. La inhibición de la FAAH mediante compuestos experimentales eleva los niveles de anandamida endógena y ha sido explorada como una posible estrategia para modular el tono del sistema endocannabinoide sin administrar cannabinoides exógenos, según un artículo de Cravatt y colaboradores publicado en 2019.

Anandamida, bienestar, ánimo y trastornos: qué dice y qué no dice la investigación

Parte de la investigación sobre la anandamida explora su posible papel en la regulación del estado de ánimo, del apetito, del ciclo sueño-vigilia y del procesamiento del dolor. Sin embargo, conviene leer la literatura con rigor: la mayoría de estos estudios se desarrollan en modelos celulares o animales, y los datos en humanos son todavía limitados. En el momento actual la anandamida puede considerarse un modulador clave de la señalización neurolimbica, pero no existe evidencia clínica suficiente para atribuirle efectos terapéuticos directos sobre trastornos específicos en seres humanos.

Algunos autores han propuesto la hipótesis de la deficiencia endocannabinoide clínica, formulada por Ethan Russo en 2004 y revisada en un artículo publicado en Neuroendocrinology Letters en 2014. Esta hipótesis sostiene que ciertos trastornos de origen no bien definido podrían estar asociados a una baja producción de endocannabinoides, pero la propia comunidad científica advierte que se trata de una hipótesis aún no validada mediante ensayos clínicos controlados. Extrapolar de ella conclusiones sobre ansiedad, insomnio o estrés como beneficios directos de un producto concreto es, por tanto, un salto que la evidencia no permite dar.

Otros autores han explorado las interacciones entre la anandamida y la recompensa cerebral. El hallazgo clásico es la presencia de receptores CB1 en las vías dopaminérgicas mesolímbicas, descrito en Science por Gardner y colaboradores. Se trata, no obstante, de un campo donde correlación y causalidad son difíciles de distinguir, y donde las lecturas mediáticas suelen ir por delante de lo que los datos permiten afirmar.

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La visión de un neurocientífico: la anandamida como molécula de modulación, no de cura

El neurocientífico madrileño Javier Fernández Ruiz, de 52 años, catedrático del departamento de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad Complutense de Madrid y vinculado al Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Neurodegenerativas (CIBERNED), ha dedicado buena parte de su labor al estudio del papel del sistema endocannabinoide en la fisiología cerebral. Según ha descrito en intervenciones académicas y en publicaciones del grupo, la anandamida no debe concebirse como una sustancia de efecto fuerte y sostenido, sino como un modulador fino, capaz de ajustar a la baja o al alza la señalización sináptica en función del contexto bioquímico local.

Esta visión, compartida con colegas como Manuel Guzmán, contrasta con la imagen popular de los cannabinoides como moléculas con efectos homogéneos y fácilmente predecibles. La anandamida en el cuerpo actúa con lógica de marea: sube en determinadas circunstancias, baja en otras, y su función solo puede entenderse en el marco más amplio de la fisiología del sistema nervioso. Por este motivo, las lecturas simplistas que atribuyen al aumento de la anandamida mejoras directas sobre el bienestar general suelen descontar la complejidad bioquímica del sistema.

Cabe recordar un dato ilustrativo: en un milímetro cúbico de tejido cortical hay aproximadamente cien mil neuronas y más de un millón de contactos sinápticos. La anandamida modula un subconjunto pequeño de estos contactos, en momentos concretos, durante minutos. Ninguna molécula con una forma de actuación tan circunscrita puede presentarse honestamente como solución a problemas complejos, como subraya la literatura seria del campo.

Anandamida y CBD: un vínculo indirecto que la literatura describe con cautela

A diferencia del THC, el CBD no se une directamente a los receptores CB1 y por eso no produce efectos psicoactivos. La literatura ha explorado, no obstante, un mecanismo indirecto: el CBD podría actuar como inhibidor parcial de la FAAH, enzima responsable de degradar la anandamida. Si este efecto se confirmara en humanos, el CBD contribuiría a prolongar la presencia de la anandamida en el espacio sináptico sin necesidad de activar directamente los receptores cannabinoides.

Esta hipótesis fue descrita por primera vez en modelos celulares a principios de los años dos mil. Un estudio publicado en Translational Psychiatry en 2012 por Leweke y colaboradores observó, en una muestra pequeña de pacientes, una correlación entre la administración de CBD y un incremento de los niveles plasmáticos de anandamida. Los autores subrayan que se necesitan más ensayos clínicos con muestras amplias antes de considerar este mecanismo como una explicación causal establecida.

La Organización Mundial de la Salud, en su informe del Comité de Expertos en Farmacodependencia de 2018, recogió estas observaciones preliminares al describir el perfil farmacológico del CBD, subrayando al mismo tiempo que la molécula no presenta potencial de abuso ni genera dependencia. Las afirmaciones públicas sobre los efectos del CBD en humanos deberían basarse en ensayos clínicos controlados, no en extrapolaciones de estudios preclínicos, advierte el documento.

Los productos de CBD disponibles en Justbob proceden del cáñamo industrial europeo con contenido de THC por debajo del 0,2%, analizado diariamente en laboratorio. Su comercialización responde a fines técnicos, científicos y ornamentales y no constituye una aplicación clínica de los estudios anteriormente citados.

Moléculas de anandamida y THC en primer plano con científicos trabajando en un laboratorio de neurofarmacología del sistema endocannabinoide

Historia del descubrimiento: Devane, Hanus, Mechoulam y la escuela de Jerusalén

El trabajo Devane et al. (1992), Science 258, 1946-1949 marcó un antes y un después en la neurofarmacología. Hasta entonces, el THC se consideraba una curiosidad botánica con efectos sobre el cerebro humano; después, el THC se comprendió como un imitador químico de una molécula endógena con función fisiológica propia. La anandamida fue descubierta en 1992 tras años de trabajo en el laboratorio de Raphael Mechoulam en Jerusalén, el mismo equipo que en 1964 había elucidado la estructura del THC.

La elección del nombre, tomado del sánscrito ananda que significa dicha, fue propuesta por Lumir Hanus, químico checo-israelí y coautor del estudio original. Cuenta la anécdota, recogida en la autobiografía de Mechoulam, que el equipo barajó durante semanas varias opciones antes de optar por la referencia sánscrita, considerada más elegante y descriptiva que las denominaciones puramente químicas. Este tipo de detalles, aparentemente laterales, ilustran la dimensión humana del trabajo científico y su vínculo con tradiciones culturales muy distantes de los laboratorios occidentales.

Poco después, en 1995, el mismo grupo de Jerusalén identificó el 2-araquidonoilglicerol (2-AG), segundo endocannabinoide endógeno, que resultó ser el más abundante en el sistema nervioso central. La identificación de los dos endocannabinoides principales, junto con el mapeo de los receptores CB1 y CB2 realizado en Estados Unidos por Matsuda y Munro en los años anteriores, completó el esquema conceptual del sistema endocannabinoide como lo conocemos en la actualidad.

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Los artículos comercializados por Justbob son derivados de Cannabis sativa L., cáñamo industrial inscrito en el catálogo común europeo, sin efectos de dopaje. Contienen THC inferior al 0,2%, concentración insuficiente para producir efectos psicoactivos relevantes, y se comercializan con fines técnicos, científicos y ornamentales. Los productos no están destinados al consumo humano. Las descripciones moleculares, los mecanismos farmacológicos y los estudios peer-reviewed recogidos en el texto se refieren a la investigación básica sobre el sistema endocannabinoide y los cannabinoides en general, y no constituyen afirmaciones sobre propiedades de los artículos del catálogo. El porcentaje de CBD indicado en las fichas de producto es puramente indicativo, con posibles variaciones entre lotes; el contenido de THC se analiza diariamente para garantizar la conformidad con la normativa vigente. Los productos Justbob no son medicamentos y no pueden diagnosticar, tratar, curar ni prevenir enfermedades. Las descripciones científicas incluidas en el texto no sustituyen el consejo profesional de un médico o farmacéutico.

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Preguntas frecuentes sobre la anandamida y el THC

¿Qué es la anandamida y por qué se la llama así?

La anandamida es un endocannabinoide producido por el cuerpo humano, aislado por Devane, Hanus y Mechoulam en 1992. Su nombre procede del sánscrito ananda, que significa dicha o felicidad interior. Se sintetiza bajo demanda a partir de fosfolípidos de membrana y se degrada rápidamente por la enzima FAAH, por lo que su vida media es de pocos minutos.

¿En qué se diferencian la anandamida y el THC?

Ambas moléculas se unen a los receptores CB1 del sistema endocannabinoide, pero la anandamida es endógena y tiene una vida media de minutos, mientras que el THC es un fitocannabinoide exógeno, permanece en el organismo durante horas en la sangre y días en los tejidos, y produce efectos psicoactivos en concentraciones elevadas. La anandamida actúa de manera local y transitoria; el THC genera una activación más sostenida y generalizada del sistema endocannabinoide.

¿Qué efectos tiene el THC sobre los receptores cannabinoides CB1 y CB2?

El THC es un agonista parcial de los receptores CB1 y CB2. Su afinidad por CB1 explica los efectos psicoactivos documentados en la marihuana con alto contenido de THC, mientras que su interacción con CB2 se estudia en relación con la modulación de respuestas inmunitarias y inflamatorias. La intensidad y duración de la señal dependen tanto de la afinidad por el receptor como de la farmacocinética del THC.

¿Cómo varían los niveles de anandamida en el cuerpo?

Los niveles de anandamida fluctúan por factores como la actividad física aeróbica, el ciclo circadiano, la dieta y la respuesta al estrés, según estudios observacionales publicados en revistas especializadas. La producción es on demand y los niveles plasmáticos suelen medirse en rangos bajos, del orden de picomoles por mililitro, debido a la rápida degradación por la enzima FAAH.

¿El CBD aumenta la anandamida en los humanos?

Algunos estudios preclínicos y un ensayo observacional pequeño sugieren que el CBD podría inhibir parcialmente la enzima FAAH, lo que en teoría prolongaría la presencia de la anandamida. Sin embargo, esta hipótesis requiere ensayos clínicos controlados con muestras amplias antes de poder afirmarse como mecanismo establecido en seres humanos. La OMS recogió estas observaciones preliminares en su informe de 2018 sobre el cannabidiol.