Tintura de cannabis: un capítulo histórico de la farmacopea europea del siglo XIX
La tintura de cannabis, conocida también como tintura de marihuana en la literatura decimonónica, es ante todo una reliquia documental. Durante casi un siglo ocupó un lugar propio en las boticas de Europa, los Estados Unidos y las colonias británicas, figurando en farmacopeas oficiales junto a extractos de opio, belladona y digital. Hoy es un preparado farmacéutico obsoleto, sustituido por medicamentos cannabinoides modernos regulados por agencias como la AEMPS española y la EMA europea.
Este artículo es un recorrido histórico y científico sobre la tintura de marihuana, desde su introducción en la medicina occidental por William Brooke O’Shaughnessy en 1839 hasta su completa desaparición en la década de 1940. Para quien se interesa por la cultura del cáñamo CBD, comprender este pasado aclara cómo ha evolucionado la relación entre la química vegetal, la regulación sanitaria y la industria. No se trata aquí de manuales, preparaciones caseras ni cantidades: este contenido sobre la tintura de marihuana se limita al archivo, las fuentes primarias y el contexto regulatorio verificado.
Desde la perspectiva de Justbob, la tintura de cannabis pertenece exclusivamente al terreno de la historia de la farmacia. Nuestro catálogo no incluye tinturas, ni preparaciones líquidas destinadas al consumo, ni instrucciones sobre cómo elaborarlas. En Justbob, trabajamos con flores, resinas y derivados de Cannabis sativa L. industrial con THC inferior al 0,2%, pensados para usos técnicos, científicos y ornamentales. Todo lo que leerá a continuación corresponde a un relato documental.
William Brooke O’Shaughnessy y la introducción del cannabis en la farmacopea occidental
La entrada formal del cannabis en la medicina occidental lleva el nombre de William Brooke O’Shaughnessy, un médico irlandés nacido en 1809 y destinado como cirujano del ejército de la Compañía Británica de las Indias Orientales en Calcuta. En 1839 publicó el ensayo “On the Preparations of the Indian Hemp, or Gunjah”, un extenso trabajo en el que documentó los usos tradicionales de la Cannabis indica entre los médicos ayurvédicos locales, junto con sus propias observaciones experimentales. Puede consultarse el trabajo de O’Shaughnessy digitalizado en PubMed Central, referencia esencial para cualquier estudio serio sobre la historia de la tintura de marihuana como producto farmacéutico.
O’Shaughnessy no inventó la tintura de cannabis: tradujo al lenguaje de la farmacología europea una práctica ayurvédica antigua. Describió macerados alcohólicos elaborados a partir de flores y resina, un extracto que, en aquel contexto colonial, fue presentado como una innovación farmacéutica occidental. Su informe sobre la tintura de marihuana generó un impacto inmediato en Gran Bretaña, donde fue recibido con interés por la Royal Pharmaceutical Society.
En pocos años, el cannabis pasó de curiosidad colonial a ingrediente oficial. La United States Pharmacopoeia incluyó la Cannabis indica en 1851, apenas doce años después de la publicación de O’Shaughnessy. La British Pharmacopoeia aceptó una preparación análoga en 1864. En ambos casos, la tintura figuraba como un extracto estandarizado, aunque la estandarización real era limitada por las técnicas analíticas de la época.
El caso victoriano ilustra el clima cultural: el médico personal de la reina Victoria, Sir J. Russell Reynolds, describió el cannabis en The Lancet (1890) como “uno de los medicamentos más valiosos que poseemos”. La afirmación es citada a menudo como prueba del prestigio farmacéutico del cannabis en el siglo XIX, aunque la relación concreta de Reynolds con la corte sigue siendo materia de especulación archivística.
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La edad dorada de la tintura en las farmacias del siglo XIX
Entre 1850 y 1930, la tintura de cannabis fue una presencia rutinaria en las farmacias occidentales. La tintura de marihuana se comercializaba en frascos de vidrio ámbar, etiquetados como “Tinctura Cannabis Indicae” o “Extract of Indian Hemp”, y formaba parte del repertorio ordinario del farmacéutico. Las grandes casas farmacéuticas estadounidenses, entre ellas Eli Lilly, Parke-Davis y Squibb, ofrecían catálogos completos de tinturas: tinturas de marihuana simples, tinturas compuestas y extractos fluidos de distinta graduación.
El problema crónico de estas preparaciones era la inconsistencia de lote a lote en cada tintura de marihuana comercial. La potencia variaba según la variedad botánica, el origen geográfico, la parte de la planta utilizada, la humedad residual, el tipo de alcohol etílico empleado y las condiciones de la maceración. No existían técnicas analíticas para cuantificar cannabinoides porque la estructura química del THC no se conocería hasta 1964. Los boticarios intentaban evaluar la calidad de la tintura mediante observaciones organolépticas: color, densidad, aroma y, en los laboratorios más avanzados, ensayos biológicos en animales.
La variabilidad era el talón de Aquiles del producto. Este fue uno de los argumentos que, décadas después, se emplearon para justificar su eliminación de la farmacopea. Resulta significativo: el mismo rasgo que hoy describiríamos como “extracto natural de amplio espectro” fue entendido por la medicina de principios del siglo XX como un defecto farmacéutico difícil de controlar en la tintura de marihuana, frente a la pureza de las moléculas sintéticas entonces emergentes.


La química detrás del extracto: disolventes, polaridad y material vegetal
Comprender la tintura de marihuana como objeto químico requiere un paréntesis sobre solubilidad. Los cannabinoides son moléculas lipofílicas: afines a los lípidos y poco solubles en agua. Por esta razón los disolventes empleados históricamente han sido orgánicos, nunca agua pura. El principio químico es clásico: similia similibus solvuntur, es decir, lo semejante disuelve a lo semejante.
En la escala de polaridad, el alcohol etílico (etanol) ocupa una posición intermedia. Esa versatilidad explica por qué fue el disolvente dominante en las tinturas victorianas: extraía cannabinoides, terpenos, flavonoides, clorofila y ceras en una única operación. El producto final de la tintura de marihuana era un extracto de amplio espectro, de color verde oscuro, con un sabor amargo característico derivado de la clorofila. Las técnicas modernas comparativas (cromatografía líquida de alta resolución, espectrometría de masas) han permitido reconstruir la composición aproximada de estas preparaciones históricas a partir de muestras de archivo.
Los métodos empleados por la industria cannabinoide contemporánea, en los que no entraremos como guía técnica, abarcan etanol, hidrocarburos ligeros, CO2 supercrítico, arrastre de vapor y extracción mecánica con agua y hielo. Cada disolvente produce un perfil diferente:
- Etanol: extracto de amplio espectro, color verde; heredero directo de la tintura del siglo XIX.
- Hidrocarburos (butano, propano): mayor selectividad, requiere purga rigurosa del residuo.
- CO2 supercrítico: fluido en estado intermedio entre gas y líquido, por encima de 31,1 °C y 73,8 atmósferas; no deja residuo de disolvente.
- Arrastre de vapor: específico para compuestos volátiles, aislando sobre todo terpenos.
- Agua y hielo: separación mecánica de tricomas, sin disolvente químico.
La elección del disolvente determina la composición final del extracto, pero desde el punto de vista de este artículo el interés es estrictamente histórico y comparativo. No se trata aquí de describir procedimientos de elaboración, ni se encontrará en justbob.es orientación sobre cómo hacer tintura de marihuana en un contexto doméstico: es una actividad que, además de estar fuera de nuestro ámbito comercial, está sujeta a la normativa española sobre precursores y sustancias controladas.
La prohibición internacional y el eclipse de la tintura de marihuana
¿Cómo desapareció un producto que había figurado durante noventa años en las farmacopeas? La respuesta no es química, sino política. En los Estados Unidos, la Marihuana Tax Act de 1937, firmada por el presidente Roosevelt, impuso un régimen fiscal tan oneroso sobre el cannabis (incluido el farmacéutico) que la producción dejó de ser viable comercialmente. La ley no prohibía el cannabis de forma explícita, pero gravaba cada transacción con impuestos, exigía registros detallados y amenazaba con penas severas por incumplimiento. El efecto fue inmediato: las compañías farmacéuticas retiraron del mercado cada tintura de marihuana que figuraba en sus catálogos.
En 1942 la United States Pharmacopoeia eliminó oficialmente la Cannabis indica de sus páginas. Treinta años después, la Controlled Substances Act de 1970 clasificó el cannabis como sustancia de la Lista I, la categoría más restrictiva del sistema federal estadounidense.
A nivel internacional, la Convención Única sobre Estupefacientes de 1961, adoptada por las Naciones Unidas, consolidó el marco global de fiscalización del cannabis. El texto completo del tratado está disponible en el portal oficial de la UNODC. Bajo ese régimen, cada tintura de marihuana perdió su estatus farmacéutico en casi todo el mundo y la investigación sobre extractos de cannabis quedó restringida a un pequeño número de laboratorios autorizados.
El resultado fue un vacío de casi un siglo. Entre 1940 y la década de 2010 la tintura de cannabis desapareció de hecho como categoría farmacéutica y comercial. Los conocimientos acumulados durante el siglo XIX sobre extracción, estandarización y conservación de la tintura de marihuana se perdieron en gran medida, y solo fueron recuperados parcialmente por la investigación académica de la segunda mitad del siglo XX.
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Del extracto crudo al cannabinoide aislado: la revolución científica del siglo XX
Mientras la tintura de marihuana desaparecía de las farmacias, en los laboratorios ocurría una transformación paralela. El cannabinol (CBN) fue el primer cannabinoide aislado, identificado por Robert S. Cahn en 1940. En 1942, Roger Adams aisló el cannabidiol (CBD). El hito más decisivo llegó en 1964, cuando Raphael Mechoulam y Yechiel Gaoni, en la Universidad Hebrea de Jerusalén, determinaron la estructura química del delta-9-tetrahidrocannabinol (THC).
Mechoulam y su equipo continuaron cartografiando el sistema endocannabinoide: en 1992 identificaron la anandamida, y posteriormente el 2-araquidonilglicerol (2-AG), los dos endocannabinoides principales producidos por el cuerpo humano. Una revisión reciente de este recorrido científico está disponible en PubMed Central. A fecha de 2025, la literatura científica describe más de 140 cannabinoides presentes en la planta, junto a cientos de terpenos y flavonoides.
Estos descubrimientos reconfiguraron el concepto mismo de extracto. Lo que en el siglo XIX era una solución oscura y variable, como cualquier tintura de marihuana de archivo, pasó a entenderse como una mezcla cuantificable de moléculas identificables. La diferencia entre una tintura victoriana y un extracto moderno de CBD no es tecnológica: es epistemológica. Hoy se sabe qué contiene el extracto, puede medirse y puede certificarse analíticamente lote por lote.


De la tintura al medicamento cannabinoide moderno: Sativex, Epidiolex y el marco regulatorio actual
Lo que sustituyó históricamente a la tintura de marihuana no es otra tintura. Son medicamentos cannabinoides modernos, desarrollados, ensayados y aprobados siguiendo los estándares de la European Medicines Agency (EMA), la U.S. Food and Drug Administration (FDA) y, en España, de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS).
El primero en obtener autorización fue Sativex (nabiximoles), un aerosol oromucoso desarrollado por GW Pharmaceuticals, aprobado en 2010 en España y en varios países de la Unión Europea. La información técnica del producto está publicada en el Centro de Información Online de Medicamentos de la AEMPS (CIMA). El segundo fue Epidiolex (cannabidiol purificado), autorizado por la FDA en 2018 y por la EMA en 2019 para determinadas indicaciones pediátricas. En ambos casos se trata de medicamentos sujetos a prescripción médica, controlados por autoridad farmacéutica y estandarizados en su composición.
La distancia entre la tintura de marihuana victoriana y estos medicamentos es abismal en términos regulatorios, analíticos y clínicos. Mientras que la tintura del siglo XIX carecía de control de composición y se vendía sin receta, un medicamento cannabinoide moderno pasa por ensayos clínicos preclínicos y de fase I, II y III, por la farmacovigilancia postcomercialización y por auditorías periódicas de calidad. Son categorías distintas, y mezclar ambas conceptualmente es un error historiográfico y regulatorio.
Conviene recordar que, en España, el acceso a medicamentos cannabinoides aprobados corresponde siempre a un profesional sanitario y se realiza a través del Sistema Nacional de Salud, la oficina de farmacia con receta o los canales de uso compasivo autorizados por la AEMPS. Cualquier persona interesada en este tipo de preparaciones debe dirigirse a su médico. No existe en nuestro catálogo, ni está previsto, un producto equivalente.
Qué permanece y qué ha cambiado: dos siglos de historia vegetal
El trayecto que va del consultorio de O’Shaughnessy en Calcuta a los laboratorios farmacéuticos modernos abarca casi doscientos años. Algunos elementos han cambiado radicalmente:
- En 1839 no se conocía ninguna molécula cannabinoide; hoy se han identificado más de 140.
- La cromatografía moderna permite cuantificar cada compuesto con precisión analítica, algo impensable en el siglo XIX.
- El marco regulatorio ha pasado de la ausencia total de normas a la prohibición casi universal, y después a un modelo diferenciado que distingue entre cáñamo industrial y cannabis con alto contenido de THC.
- Las tinturas han sido reemplazadas, en el terreno clínico, por medicamentos cannabinoides estandarizados y autorizados.
Lo que permanece es igualmente significativo. La Cannabis sativa L. que estudió O’Shaughnessy en 1839 es botánicamente la misma especie que se cultiva hoy en las explotaciones europeas de cáñamo industrial inscritas en el catálogo común de variedades de la Unión Europea. La diferencia está en nuestra capacidad para entender, medir y procesar lo que la planta produce, y en el marco legal que delimita su comercialización. Los productos de flores CBD y hachís CBD del mercado europeo actual pertenecen a una categoría distinta: artículos técnicos y ornamentales derivados de cáñamo certificado, no preparaciones farmacéuticas, y menos aún una tintura de marihuana en el sentido histórico del término.
Aclaración sobre los productos Justbob y el uso de tinturas de cannabis
Justbob no fabrica, no vende y no distribuye tintura de cannabis ni tintura de marihuana en ninguna de sus variantes históricas o modernas. Nuestro catálogo está formado por flores, resinas, hachís y derivados de Cannabis sativa L. industrial, todos ellos con contenido de THC inferior al 0,2% y registrados en el catálogo común de variedades de la Unión Europea. Estos productos se comercializan exclusivamente para usos técnicos, científicos, ornamentales, de coleccionismo y aromatización de ambientes, nunca para el consumo humano ni como preparaciones líquidas de ningún tipo.
No ofrecemos instrucciones sobre cómo elaborar una tintura de marihuana en casa. No se encontrará en nuestra web material sobre cantidades, proporciones, tiempos de maceración, filtrados o conservación de preparaciones líquidas. La razón es doble: primero, no forma parte de nuestra actividad comercial; segundo, estas preparaciones quedan fuera del marco regulatorio en el que opera Justbob como vendedor de cáñamo industrial.
Quien esté interesado en medicamentos cannabinoides con finalidad sanitaria debe dirigirse a un profesional médico y, en España, consultar los canales oficiales de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS). El acceso a productos como Sativex o Epidiolex se realiza bajo prescripción y a través del Sistema Nacional de Salud, no mediante comercio en línea ni a través de justbob.es. Los textos de este artículo son de carácter histórico y documental, no sustituyen el consejo de un médico o farmacéutico y no deben emplearse como base para decisiones clínicas.
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Preguntas frecuentes sobre tintura de cannabis
¿Qué era una tintura de cannabis en el siglo XIX?
Era un extracto farmacéutico obtenido mediante la maceración de material vegetal de Cannabis indica en alcohol etílico. Figuró oficialmente en farmacopeas como la United States Pharmacopoeia entre 1851 y 1942, y en la British Pharmacopoeia desde 1864. Se utilizaba como preparado estándar en las boticas europeas y norteamericanas hasta su eliminación en el siglo XX.
¿Cuándo dejó de formar parte de la farmacopea occidental?
La desaparición fue progresiva entre los años treinta y cuarenta del siglo XX. Un punto clave fue la Marihuana Tax Act de 1937 en los Estados Unidos, seguida de la eliminación del cannabis de la United States Pharmacopoeia en 1942 y de la Convención Única sobre Estupefacientes de 1961 de las Naciones Unidas, que consolidó la fiscalización internacional.
¿Existen hoy medicamentos cannabinoides aprobados en España?
Sí. Sativex (nabiximoles), autorizado por la AEMPS en 2010, y Epidiolex (cannabidiol purificado), aprobado por la EMA en 2019 para determinadas indicaciones pediátricas. Ambos son medicamentos sujetos a prescripción médica y se dispensan a través del Sistema Nacional de Salud o de oficinas de farmacia, nunca en comercios en línea de cáñamo industrial.
¿Vende Justbob tinturas de cannabis?
No. Justbob no comercializa tinturas de cannabis ni preparaciones líquidas destinadas al consumo. Nuestro catálogo incluye flores, resinas, hachís y derivados de Cannabis sativa L. industrial con THC inferior al 0,2%, vendidos para usos técnicos, científicos, ornamentales y de coleccionismo. Quien busque medicamentos cannabinoides debe dirigirse a un profesional sanitario.







